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CÓMO DISEÑAR UNA BUENA PORTADA

Diseñar una portada es complicado, no digamos cuando se trate de una portada digna de un gran libro. En muchas ocasiones vemos portadas de libros realizadas por aficionados al diseño con muy buenas intenciones, pero sin algunas de las características que deben tener las portadas expertas.

Una buena portada requiere dedicación y práctica

Una buena portada requiere dedicación y práctica

En principio, una portada profesional debe disponer del llamado «pliegue de cortesía» excluyendo nada importante de este lugar de la portada en la parte izquierda del libro, que realizará el impresor —una línea marcada— de manera que los lectores puedan ir pasando las páginas sin dificultad y sin cuartear el lomo. Las dimensiones del citado pliegue de cortesía va a a depender del grueso del texto, que editores e impresores denominan «tripa». Apurar dichos márgenes, metiendo el dibujo de portada dentro del pliegue es un error tremebundo y muy frecuente que causa muy mal efecto por antiprofesional.

La sangría lateral general deberá ser, en la mayor parte de los libros, de seis milímetros, de esta manera estaremos a salvo de las posibles imprecisiones de las guillotinas industriales que luego rebanarán bordes y tripa del libro.

No hay reglas estrictas sobre si deben ser más grandes las letras que rotulen el nombre del autor o el de la propia obra. Lo normal es que suela rotularse más grande el nombre del autor si éste resulta muy notorio, con el ánimo puesto en vender la obra por su autor, independientemente de la calidad del interior. Será mayor el nombre de la obra cuando el autor carezca de la notoriedad suficiente como para atraer al público con su nombre. Lo contrario resultaría del todo arriesgado y, sobre todo, pretencioso a ojos del lector.

Podemos desarrollar una portada vanguardista o clásica, según convenga a la obra que tengamos entre manos en ese momento. Los colores vistosos —sin pasarnos— llaman la atención de los lectores desde las mesas y los estantes de las librerías, invitándoles a adquirir libros vistosos. También usar los blancos puede darnos muchas alegrías por resultar elegantes y sobrios.

Colocar a un libro digno de ser publicado una portada hecha por un diseñador aficionado es un error que ya han cometido otros. No lo cometa usted.

Equipo Alazán

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