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LOS PERSONAJES DE UNA NOVELA

Mucho antes siquiera de ponernos a escribir convendría hacer un primer análisis de cuáles debieran ser las personalidades de los diferentes personajes que van a ir apareciendo a los largo de toda la narración. Más tarde y sobre el mismo texto, ellos mismos irán madurando, manifestando su propia personalidad surgida de la interacción del medio en el que les toque desarrollar sus acciones, pero es muy importante que previamente definamos el carácter que va a conformar a cada uno de nuestros personajes.

Es verdad que, en el caso de tratarse de personajes históricos, debemos, además indagar en la personalidad y el carácter que evidenciaron los protagonistas de la novela o el relato. De este modo la lectura se tornará mucho más veraz y el lector lo agradecerá, sobre todo si se encuentra fundada en hechos que se refieran en el propio texto, dando así fe de que, en efecto, así era tal o cual persona.

En la conocida obra de Pirandello, son seis los personajes que buscan un autor

En la conocida obra de Pirandello, son seis los personajes que buscan un autor

Todo este análisis previo resulta fundamental pero es muy verdad que muchos escritores, nuevos y consagrados, lo pasan por alto. El resultado es una obra con personajes poco consistentes, volubles, muchas veces imprevisibles con los que nos cuesta identificarnos. Son los personajes, en última instancia, los que definen la acción y marcan el ritmo de una obra, por lo que afrontar su desarrollo debe tomarse con el mayor interés posible.

En cuanto a la descripción psicologista de dichos personajes, algunos autores prefieren hacerla al comienzo, tan pronto como aparecen en el contexto de la obra, mientras que otros van dando pequeñas pinceladas a lo largo de diferentes apariciones, de manera que los van configurando de manera lineal, evolutivamente. No hay regla para esta cuestión, como no la hay para tantas otras.

Otros autores dejan en manos del propio lector la visualización de lo más esencial de quienes se encuentran dentro de la obra. Así, proponen que sea el amable lector quien los juzgue en lugar de tomar partido por unos u otros según sus actos. Ambas formas de concebir las bondades y maldades de las diferentes personalidades están perfectamente justificadas, siendo la tendencia actual la de olvidar viejos postulados maniqueos que solo conseguían dividir al reparto en buenos, malos, muy buenos y muy malos.

Hágalo como crea, pero dedique un tiempo inicial primordial a definir a los personajes que van a ir apareciendo en su obra. De este modo estarnos luego ante personalidades con luminosidad, más que sombras a las que mirar en la distancia.

Construir personajes no es una labor fácil. Existe un error bastante generalizado y es el de crear personajes perfectos.

Si no estás escribiendo cuentos infantiles, olvida ese prototipo. Alguien sin defectos, que siempre tiene el comentario más ocurrente, que no levanta la voz y siempre mantiene la calma, no resulta creíble.

Hay muchos factores a tener en cuenta. Vamos a analizar algunos de ellos:

  • Personalidad realista:

Los personajes tienen que ser gente normal, alguien como tú o como yo, alguien con el que el lector pueda reconocerse. Una persona normal que en ocasiones diga algo inapropiado, que exprese cosas que quizá debería haber callado, que tenga reacciones desproporcionadas. Tu personaje tiene que tener sus defectos, y tienes que cuidar cuales son para acabar construyendo una personalidad marcada.

Punto importante es tratar su pasado. Tienes que tener muy claro cuáles son los puntos clave del pasado de tu personaje. No olvidemos que sus primeras experiencias, el tipo de educación que recibió o el entorno en el que se crió influyeron irremediablemente en su personalidad final.

Es bastante habitual que nuestro personaje a lo largo de la novela experimente una metamorfosis. Los acontecimientos que le sucedan en la novela pueden servirle de experiencia, o pueden acabar traumatizándole o asustándole.

Tampoco olvidemos conocer sus gustos, esto nos servirá para mantener cierta coherencia en nuestra historia. Si nuestro personaje es gótico no podemos vestirle de pijo a mitad de libro (a no ser que exista un buen motivo).

No debemos olvidar que es más atractivo un personaje con altibajos que un personaje plano. Siempre hay que tener en cuenta esa metamorfosis que puede tener tanto intrapersonal como interpersonal.

  • El físico: una vez que tienes definida la personalidad de tu personaje, tienes que crear sus características físicas. Hasta los detalles más nimios son relevantes. Cuantos más detalles seas capaz de conocer de tu personaje menos contradicciones tendrá tu historia.

Entre ambos factores existe una clara relación, y tampoco podemos entrar en contradicciones: una persona que sea extremadamente ordenada será raro verla con barba desaliñada.

Ante todo hay que mantener coherencia. Un personaje bien trabajado es un pilar sólido para una buena trama

¿Estás bloqueado? ¿Estás en un punto en el que no sabes qué escribir? ¿Tu personaje se ha quedado sin ideas?

Como tu personaje tiene que ser alguien creíble nuestro primer consejo es que salgas a la busca de ideas. Para ello, vete a un bar o a dar un paseo, con los ojos y oídos bien abiertos, y aprende a contemplar. Después vuelve a tu mesa de trabajo y escribe sobre lo que has visto. Tienes que contemplarlo con sentimiento de extranjería, como si todo fuese nuevo para ti.

Al fin y al cabo la literatura es una metáfora de la realidad. El escritor tiene que ser capaz de llevar los hechos cotidianos al papel, convirtiendo una realidad en una historia realista, de suspense, romántica o lo que corresponda.

Las herramientas para construir nuestros personajes las tenemos delante de nuestros ojos. ¿Cuáles son las herramientas básicas para construir personajes literarios?

  • Escuchar lo que dicen
  • Crear una apariencia
  • Pensar en lo que hacen
  • Reflejar lo que piensan
  • Escuchar o tener en cuenta lo que otros dicen de él

Nuestras herramientas son exactamente las mismas que manejamos en la vida real para conocer a una persona. Tenemos dos maneras de usar estas herramientas: describiendo o mostrando.

Cuando el narrador es externo, describir debería reservarse para las características menores. Tengamos en cuenta que cuando la descripción (o explicación) de un personaje la realiza otro siempre tendrá rasgos subjetivos, y esto pondrá en entredicho su credibilidad.

Pensemos en lo que realmente quieren los lectores. ¿Qué es lo que quieren? ¿qué querrías tú mismo como lector?: la respuesta es fácil, personajes que salgan de las páginas del libro, que les conviertan en seres de carne y hueso. Si estás intentando transmitir que James es un chico de fiar tienes que analizar qué rasgos son los que en tu vida diaria te harían confiar o no en una persona.

Tampoco hay que olvidar el lenguaje corporal, si quieres que tu personaje sea real tiene que ser capaz de transmitir sus gestos y movimientos. Los personajes tienen que enarcar las cejas, asentir o negar con la cabeza, tener tics nerviosos, fruncir el ceño o poner cara de aburrimiento si así lo sienten. ¿Y cómo hacemos que nuestros “chicos” tengan eso y no parezcan robots? Mediante técnicas de lenguaje corporal, un tema interesante del que hablaremos próximamente.

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Equipo Alazán

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